Atenas
A partir de finales del
siglo VI a.n.e., la ciudad de Atenas decidió plasmar en el anverso de todas sus
monedas, desde los óbolos hasta las tetradracmas, la cabeza de la diosa Atenea,
principal deidad venerada en la polis, que aparece siempre con unos pendientes
circulares y un casco ático que suele verse provisto de una o varias crestas y
diversos elementos decorativos, como una rama y hojas de olivo, que se empiezan
a acoplar al casco a lo largo del siglo V a.n.e., en lo que ha sido interpretado
como una alusión a la victoria obtenida sobre los persas en la batalla de
Maratón del año 490 a.n.e., aunque también puede hacer referencia al mito fundacional
de la ciudad que relaciona el olivo con el árbol sagrado de Atenea.
En lo que se refiere al
reverso, superado el siglo VI a.n.e., el tipo característico que nos vamos a
encontrar en todas las emisiones atenienses va a ser la lechuza, que aparece
siempre hacia la derecha, a veces posada sobre un ánfora (Fig. 4), con las alas
cerradas y acompañada de distintos “subtipos”, siendo los más habituales una
rama de olivo y la luna creciente, símbolo de la lechuza como ave nocturna.
Además, tal como podremos ver a lo largo de las siguientes páginas, en todas
las emisiones monetarias realizadas por las diferentes ciudades, las
inscripciones que hacen referencia a la polis o al soberano emisor aparecen en
el reverso. En el caso de las monedas atenienses encontramos siempre la
inscripción ΑΘΕ y, con el paso del tiempo, toda una serie de monogramas que
hacen referencia a los magistrados encargados de la acuñación (Figs. 1 – 4).
Fig. 1. Óbolo de Atenas con la cabeza de Atenea en el
anverso;y la lechuza en el reverso (segunda mitad siglo V a.n.e.).
Tesorillo.com, 2016.


Fig. 2. Hemidracma o trióbolo de Atenas con Atenea en el
anverso y la lechuza en el reverso (segunda mitad siglo V a.n.e.).
Tesorillo.com, 2016.
Fig. 3. Tetradracma de Atenas (siglo IV a.n.e.).
Tesorillo.com, 2016.
Fig. 4. Tetradracma de
Atenas (151 - 150 a.n.e.). Tesorillo.com, 2016.
Esta iconografía de las
monedas atenienses se mantendrá inalterable con el paso de los siglos, no así
la técnica decorativa empleada, que evolucionará hacia una progresiva
perfección. En este sentido, resultan evidentes las diferencias existentes
entre los “bastos” óbolos emitidos a finales del siglo V a.n.e. y la depurada
técnica con la que se elaboran las tetradracmas del siglo II a.n.e.
Tras la victoria obtenida sobre los persas en el año 480 a.n.e., Atenas se convirtió en la principal potencia mediterránea y sus monedas de plata, acuñadas en grandes cantidades gracias a las inagotables minas de Laurión, viajaron por todo el Mediterráneo, imponiéndose como moneda de prestigio como consecuencia de la prosperidad ateniense y la confianza que los usuarios tenían en la calidad de su metal y en la estabilidad de su valor. Al mismo tiempo, Atenas emitió toda una serie de ordenanzas con vistas a garantizar dicha estabilidad monetaria, prohibiendo, por ejemplo, a las ciudades-miembro de la Liga de Delos, al frente de la cual se hallaba ella misma, emitir moneda propia, obligando de esta manera al uso exclusivo de sus emisiones. Como consecuencia de esta preponderancia en todo el Mediterráneo, diferentes pueblos y ciudades buscaron imitar sus monedas, como los sabeos, situados en el Suroeste de la Península Arábiga, quienes acuñaron una serie de dracmas de plata con la cabeza de Atenea en el anverso y la lechuza, dentro de un cuadrado incuso, en el reverso, llegando incluso a reproducir la inscripción ΑΘΕ, que hacía referencia a la ciudad de Atenas y nada tenía que ver con este pueblo (Fig. 5).
Tras la victoria obtenida sobre los persas en el año 480 a.n.e., Atenas se convirtió en la principal potencia mediterránea y sus monedas de plata, acuñadas en grandes cantidades gracias a las inagotables minas de Laurión, viajaron por todo el Mediterráneo, imponiéndose como moneda de prestigio como consecuencia de la prosperidad ateniense y la confianza que los usuarios tenían en la calidad de su metal y en la estabilidad de su valor. Al mismo tiempo, Atenas emitió toda una serie de ordenanzas con vistas a garantizar dicha estabilidad monetaria, prohibiendo, por ejemplo, a las ciudades-miembro de la Liga de Delos, al frente de la cual se hallaba ella misma, emitir moneda propia, obligando de esta manera al uso exclusivo de sus emisiones. Como consecuencia de esta preponderancia en todo el Mediterráneo, diferentes pueblos y ciudades buscaron imitar sus monedas, como los sabeos, situados en el Suroeste de la Península Arábiga, quienes acuñaron una serie de dracmas de plata con la cabeza de Atenea en el anverso y la lechuza, dentro de un cuadrado incuso, en el reverso, llegando incluso a reproducir la inscripción ΑΘΕ, que hacía referencia a la ciudad de Atenas y nada tenía que ver con este pueblo (Fig. 5).
Fig. 5. Dracma de los pueblos sabeos con Atenea en el
anverso y la lechuza con la inscripción “ΑΘΕ” en el reverso (ss. III - II
a.n.e.). Tesorillo.com, 2016.
Corinto
Conocida en el Mundo
Antiguo por su prosperidad y opulencia, Corinto fue la principal rival de
Atenas y una de las ciudades más importantes del ámbito griego desde el punto
de vista político-económico. Su ubicación estratégica entre dos mares,
vigilando las rutas que transcurrían por el istmo al que da nombre, junto a una
floreciente artesanía cerámica, favorecieron su desarrollo hasta convertirla en
uno de los focos comerciales más atrayentes del ámbito mediterráneo. Como
consecuencia de su ubicación intermediaria entre el comercio oriental y el occidental,
Corinto contribuyó de manera decisiva a la orientalización de los pueblos
occidentales en lo que se refiere a su estética y pensamiento. En este sentido,
por ejemplo, a través de sus decoraciones cerámicas, toda una serie de
fabulosos animales se extendieron de un extremo a otro de la cuenca
mediterránea: grifos, esfinges, leones, caballos alados.
Fig. 6. Estátera de
plata de Corinto con la esvástica incusa en el reverso (600 - 530 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
Fig. 7. Estátera con un molino en el reverso (600 - 530
a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
Es a partir de finales
del siglo VI a.n.e. cuando el retrato de Atenea hace su aparición en el reverso
de las emisiones corintias, con el cabello recogido hacia atrás y portando el
casco homónimo de la ciudad, el casco corintio. La plasmación de la diosa en el
reverso de estas monedas está relacionada con esa entrega de la brida mágica a
Belerofonte. Además, es frecuente verla acompañada de toda una serie de
elementos, como el águila de Zeus (Fig. 9), una ramilla de hiedra (Fig. 10), una
lechuza (Fig. 11), la parte delantera de un caballo (Fig. 12), la cabeza de un
toro (Fig. 13), delfines (Fig. 14) o la figura del propio Zeus sosteniendo una
lanza (Fig. 15). Por otro lado, a diferencia de lo que hemos visto en Atenas (y
lo que veremos en las demás ciudades), en las monedas corintias, las
inscripciones que hacen referencia a la polis (como la letra koppa) suelen aparecer en el anverso, y
no en el reverso (Fig. 8).
Fig. 8. Estátera de Corinto. En el reverso: Atenea con el
pelo recogido y portando el casco corintio (550 - 500 a.n.e.). The Sylloge Nummorum
Graecorum, 2016.
Fig. 9. Estátera de Corinto con el águila de Zeus en el
reverso (350 - 301 a.n.e.). MAN, 2016.
Fig. 10. Estátera de Corinto con una ramilla de hiedra
acompañando a Atenea, quien aparece portando un pendiente en forma de racimo de
uvas (530 - 430 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
Fig. 11. Estátera de Corinto con una lechuza acompañando a
Atenea en el anverso (450 - 400 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
Fig. 12. Estátera con la parte delantera de un caballo
acompañando a Atenea en el reverso (400 -350 a.n.e.). The Sylloge Nummorum
Graecorum, 2016.
Fig. 13. Estátera con la cabeza de un toro en el reverso
(400 - 350 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
Fig. 14. Estátera con delfines rodeando la cabeza de Atenea
en el reverso (400 - 350 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
Fig. 15. Estátera en cuyo reverso aparece la figura de Zeus
sosteniendo una lanza junto al retrato de Atenea (400 - 350 a.n.e.). The
Sylloge Nummorum Graecorum, 2016.
A partir del año 350
a.n.e., Corinto empieza a emitir una serie de dracmas (Fig. 16) en cuyo reverso,
en vez de la cabeza de Atenea, aparece el retrato de la ninfa Pirene, amante de
Poseidón. Según cuenta el mito, la ninfa llegó a tener dos hijos con el dios, uno
de los cuales, Cencrias, acabó siendo accidentalmente matado por Artemisa. La tristeza
que invadió a Pirene por la muerte de su hijo fue tal que con todas las
lágrimas derramadas se formó una fuente en la acrópolis de Corinto. Esta sería la
misma fuente de la que, más tarde, estaría bebiendo Pegaso cuando Belerofonte consigue
capturarlo con la brida mágica de Atenea.
Fig. 16. Dracma con la cabeza de Pirene en el reverso (350
- 300 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum.
Por estas fechas también
se empieza a emitir una serie de trihemióbolos, en cuyo reverso aparece plasmada
la cabeza frontal de la Gorgona (Fig. 17). Lo que se desprende de todas las
monedas analizadas en este apartado dedicado a Corinto es que el anverso, con
el tipo de Pegaso, se mantiene inalterable con el paso de los siglos, no así el
reverso, que va cambiando en función de la moneda y la época, siendo el tipo
más frecuente, pero no el único, la cabeza de Atenea.
Fig. 17. Trihemióbolo con la cabeza de la Gorgona en el
reverso (350 - 300 a.n.e.). The Sylloge Nummorum Graecorum.
















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